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"El pez y la serpiente" significan, en primer lugar,
la dualidad de este país de lagos y volcanes y la "armonía
áspera" de que habló Rubén Darío,
refiriéndose a la fusión antagónica del ardor
potente de nuestras tierras, con la serena placidez de nuestras
aguas:
Porque se nos ha dado la patria de las grandes aguas.
Entre dos potestades fluviales, una al Norte y otra al Sur - que
se empeñan en hacer de Nicaragua una isla de perfil mediterráneo
- impera la majestad del Gran Lago, y su menor el Xolotlán
y numerosas lagunas y ríos numerosos que transportan por
agua la mitad de nuestra historia y la mitad de nuestros paisajes.
Y se nos ha dado también no solamente la tierra, sino su
pasión más alta en la encendida línea de volcanes
sobre cuya balaustrada descansan nuestros crepúsculos.
Y la tierra de pan-llevar y la tierra llanera de las ganaderías
y la alta de los pinares y la baja de las selvas.
Y el polvo medio año y medio año el fango. Y medio
país para el reino del pez. Y para el reino de la serpiente
medio país.
"El pez y la serpiente" significan también
las dos historias - la indígena y la hispana - cuya confluencia,
fusionando culturas y mestizando razas, formó la historia
del pueblo nicaragüense:
Por tierra peregrinaron las razas y pueblos aborígenes que
formaron la base étnica de Nicaragua y en sus teogonías
y en sus artes y en el misterio de sus representaciones, la serpiente
fue el símbolo clave. El héroe cultural Quetzalcóatl
- o su concepción primitiva nicaragüense Tamagastad,
cuya imagen fue la serpiente - es "la más grande figura
en la antigua historia del Nuevo Mundo".
Por el agua navegaron y llegaron los hispanos que incorporaron
lo indígena a la historia universal. Y por el agua del mar
y del bautismo nos llegó el pez, que es Cristo.
"El pez y la serpiente" significan también
la lucha del Bien y del Mal y la agonía del escritor contemporáneo
en su difícil testimonio.
Pez y Serpiente es el enfrentamiento entre Historia y Utopía,
Ideología y Cultura, Nacionalismo y Universalidad.
PAC
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